Conforme pasan los días, la euforia inicial se torna tranquilidad y placidez. También hay lugar para la añoranza, y siendo como soy, para la crítica ácida. He estado pensando en los estereotipos de viajeros que se ven por aquí. Ya me tropecé con muchos y pasé inolvidables ratos con otros.

Viajeros que no me gustan
Los hay apátridas, los hay temporales, los hay honestos que viven en paz su vida, turistas de todo tipo. Pero hay un tipo que no me termina de gustar y es el más abundante. Los llamaría «los jóvenes castores».
A estos exploradores les daría lo mismo ir a Tailandia que a Villagarcía. No creo que se hayan leído ni unas lineas sobre su destino y vienen a pasear mochilas de 80 kg por lugares frecuentados por otros como ellos: hoy Chiang Mai, mañana Ko Phi Phi.
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