Hoy andaba recordando viejos viajes y planificando nuevos a lo largo y ancho del maravilloso continente asiático y me he preguntado: ¿Por qué no me gusta Singapur? Ya hace años que visité la impoluta y cristalina ciudad estado situada al sur de la península malaya. He de reconocer que la primera impresión que me causo fue francamente positiva. Seguridad, orden, limpieza, modernidad, belleza…. Pero, vamos a ver, ¿a qué viajero en su sano juicio no le gustaría ir a un lugar así? Pues tenéis razón, quizás iríais, pero no sé si volveríais.
Tras pasar unos días memorables en Saigón decido partir. Aconsejado por Fuong me dirijo a Mui Ne, población costera a unas 5 horas en autobús de la capital de Vietnam. Cojo billete en un bus-cama. Pese a que el trayecto no es muy largo me alegro de viajar en este original vehículo que no probé nunca antes. Las camas se disponen en forma de literas arriba y abajo, en realidad son pequeños habitáculos con sillones reclinables, son cómodos aunque un poco cortos para occidentales (y yo no soy alto). Toallita húmeda y botellín de agua van incluidos. Disfrutando del paisaje, ¡por fin veo búfalos de agua!, y amplios arrozales. El trayecto se me hace incluso corto. El autobús me dejara en la puerta del hostal. En este caso será una “guesthouse” muy bonita y recoleta. He pillado habitación doble y tengo dos camas para mí. Está regentado por una familia «bien avenida», reina una gran concordia y coordinación allí. Todo está muy limpio y el jardín donde se disponen varias mesas y sillas es un lugar precioso para disfrutar de las noches entre el aroma de jazmines y otras plantas que no identifico.
Tras hacer el «check in» me regalan una pitaya o fruta del dragón que devoro agradecido. Mui Ne me recuerda un poco a Ko Lanta. Debe de ser temporada baja y no hay un alma por allí…. Se trata de una pequeña población pesquera, veré los botes de forma circular dispuestos en la playa, parecen bañeras cargadas de redes. Los más viejos están hechos de hojas entrelazadas, los más nuevos son de plástico.