Llegando A Chiang Mai. Tailandía.

Conforme pasan los días, la euforia inicial se torna tranquilidad y placidez. También hay lugar para la añoranza, y siendo como soy, para la crítica ácida. He estado pensando en los estereotipos de viajeros que se ven por aquí. Ya me tropecé con muchos y pasé inolvidables ratos con otros.

Mochilero

Viajeros que no me gustan

Los hay apátridas, los hay temporales, los hay honestos que viven en paz su vida, turistas de todo tipo. Pero hay un tipo que no me termina de gustar y es el más abundante. Los llamaría «los jóvenes castores».

A estos exploradores les daría lo mismo ir a Tailandia que a Villagarcía. No creo que se hayan leído ni unas lineas sobre su destino y vienen a pasear mochilas de 80 kg por lugares frecuentados por otros como ellos: hoy Chiang Mai, mañana Ko Phi Phi.

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Por Sukhotai y Nan. Tailandia.

Dejando Lop Buri

Pues dejo Lop Buri con gran pesar. Esta pequeña localidad me ha encantado. Además he empezado a vivir experiencias íntimas (no sed malpensados) y  a entender de que va esto de viajar. A aprender de gente honesta y normal , a la vez especial  y también sabia. La sabiduría que da el desapego, el ver la vida desde una perspectiva distinta o desde la simple pero valiosa experiencia.

Ruinas en Lopburi. Tailandia

Me levanto sin prisas y dejo mi «Love Hotel», me invitan a un café que rechazo, no puedo beberlo, me pone nervioso. Tanto la señora de recepción como “el manitas” que va de aquí para allá son muy simpáticos y educados. Gracias por tan agradable estancia.

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Norte de Tailandia.

Viajando de Nan a Chiang Mai

Al alba cantan los gallos como cada mañana.  Me desperezo en la cama haciéndome el remolón. Hoy escapo de aquí. Ahora, en el  momento que escribo estas lineas, visto con perspectiva, no se si fui injusto con el lugar. Nan esta rodeada de parques nacionales, de enclaves paradisíacos donde evadirte y a tiro de piedra del gran Mekong y del desconocido Laos. Quizá tuve que haber tomado ese rumbo, si erré es algo que nunca sabré. Tras saltar de la cama empaqueto mi escaso equipaje (aún debería ser más exiguo) y bajo a recepción a despedirme.

Nan Guesthouse

Nan Guesthouse es un gran hostal. Muy barato, muy bonito y muy limpio. Ya temprano la dueña (o eso creo yo) esta limpiando junto a una chica (muy bonita ella) y lo dejan como una patena. No se puede entrar calzado, como es norma en las casas tailandesas. Si he de poner un pero, es el excesivo calor que suele hacer en ese tipo de casas durante el día. Los bajos son de ladrillo y cemento como en España, pero el primer piso es de madera con techado metálico o de ferrocemento, lo que hace recomendable pagar el sobreprecio del aire acondicionado. Yo no lo hice. Tiene una terraza con hamaca,  tumbona y mesitas con sillas desde donde disfrutar de unas cervezas o del simple soplo del viento, si se digna a aparecer.

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