Bueno, ya estoy en Saigón y la primera impresión es magnífica. Después de lograr la visa «on arrival» (esto merece comentario aparte) he cogido un autobus (linea 152) que por 20 céntimos de euro (en principio, luego me ha cobrado 40) me llevó hasta casi la puerta del hotel. No os podéis imaginar el numero de motocicletas que circulan por sus calles. Pensad un numero, el que sea, y luego multiplicadlo por 1000. Es absolutamente alucinante. He ido con la boca abierta mirando el trafico hasta que llegué a mi guarida. Para ello necesité la ayuda de dos nativas. Me he puesto en guardia porque ya llevo un mes viajando (ironía), pero sus intenciones eran honestas. A una de ellas (muy guapa) me comprometo a comprarle una pulsera que muestra en una bandeja. Mañana la buscaré. Luego tras ducharme he salido corriendo a cenar y disfrutar de esta bulliciosa ciudad. He tomado algo por la calle por un euro y me he dispuesto a pasear por el parque. Mi primera impresión de los vietnamitas no puede ser mejor, son los más abiertos y amigables de todos los asiáticos que hasta ahora conozco.

